El uso del libro electrónico se ha consolidado como una herramienta clave para la difusión del conocimiento, pero no ha sustituido al libro impreso, pues ambos formatos coexisten y responden a hábitos y generaciones diferentes. Así lo señaló un especialista de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), quien afirmó que la elección entre digital o físico depende de las preferencias individuales de cada lector.
El libro digital se define como un archivo que puede adoptar desde formatos sencillos como documentos PDF hasta publicaciones interactivas que integran multimedia, gráficos, audio e hipervínculos. Esta versatilidad amplía las posibilidades de interacción y permite almacenar cientos de títulos en un solo dispositivo, facilitando la portabilidad y el acceso instantáneo a una gran variedad de contenidos.
El origen del libro electrónico data de mediados del siglo XX, con la Enciclopedia Mecánica creada en 1949 por Ángela Ruiz Robles, considerada pionera en el concepto. Sin embargo, el impulso verdadero llegó en 1971, cuando Michael Hart utilizó la red ARPANET —antecesora de Internet— para compartir el texto de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Este acto marcó el inicio del Proyecto Gutenberg, que digitaliza obras de dominio público para facilitar su difusión y fomentar la lectura.
Además de sus ventajas en accesibilidad y almacenaje, el mercado editorial digital plantea retos en la protección de la propiedad intelectual. Para ello, las distribuidoras deben adquirir derechos específicos para ofrecer y comercializar estos libros, con el fin de resguardar la legalidad de los contenidos.

