La osteoporosis, una enfermedad silenciosa que debilita los huesos y afecta principalmente a mujeres mayores de 65 años, sigue siendo un desafío crítico para el sistema sanitario español. Tras una fractura por fragilidad, más de siete de cada diez mujeres mayores de 50 años no son tratadas ni reciben un seguimiento adecuado para fortalecer su estructura ósea, lo que aumenta significativamente el riesgo de sufrir nuevas fracturas en un corto plazo.
Este vacío en el manejo postfractura representa un problema no solo sanitario sino socioeconómico, pues cada año en España se registran alrededor de 333.000 fracturas por fragilidad que implican un costo cercano a los 4.200 millones de euros solo en hospitalizaciones, tratamientos y estancias en residencias. Esta carga financiera equivale a casi el 4% del presupuesto total en salud, comparable al impacto de enfermedades crónicas como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y superior al de los ictus.
La fractura de cadera pone en evidencia la gravedad del problema. Aunque no es la más frecuente, su impacto es muy severo: un año después del accidente, aproximadamente el 40% de los pacientes no puede caminar de forma autónoma y el 80% experimenta limitaciones para realizar actividades cotidianas como conducir o hacer la compra. Esta pérdida prolongada de independencia afecta no solo la calidad de vida del paciente, sino también genera costos adicionales para sus familias y para el sistema, debido a la necesidad de cuidados especializados o ingreso en residencias.
A nivel europeo, España refleja una tendencia común: la osteoporosis recibe poca atención preventiva, la detección suele ser tardía y la atención tras la primera fractura es insuficiente. Según el informe elaborado por la Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF) titulado “Huesos rotos. Vidas rotas”, es urgente priorizar los protocolos de atención postfractura como parte esencial del cuidado en el envejecimiento para evitar un aumento descontrolado de los costos asociados y disminuir la dependencia y mortalidad relacionadas.
La osteoporosis afecta a una de cada cuatro mujeres a partir de los 65 años y provoca fracturas por fragilidad que se consideran la cuarta enfermedad crónica con mayor impacto en términos de discapacidad y muerte. La prevención efectiva, el diagnóstico temprano y el seguimiento riguroso tras la primera fractura constituyen pilares fundamentales que actualmente no se están garantizando en el sistema sanitario español, poniendo en riesgo la salud y la autonomía de la población envejecida.

