Después de semanas de incertidumbre y múltiples recursos legales, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamó oficialmente a Keiko Fujimori como presidenta electa de Perú para el período 2026-2031. Este anuncio culmina una de las votaciones más cerradas en la historia reciente del país, marcando el regreso al poder de un gobierno con orientación conservadora.

Con el conteo final, Fujimori obtuvo una ligera ventaja sobre su rival, Roberto Sánchez, con un margen de votos que apenas supera los 49 mil sufragios. El JNE certificó que recibió más del 50% de los votos válidos, cifra clave para asegurar su triunfo en la segunda vuelta electoral. Junto con la presidenta electa, también fueron proclamados Luis Galarreta y Miguel Torres como primer y segundo vicepresidentes.

El proceso electoral comenzó en abril con la primera vuelta y concluyó en junio con la segunda, pero la oficialización se vio retrasada por numerosas impugnaciones que cuestionaron presuntas irregularidades. Sin embargo, las autoridades electorales confirmaron la validez de los resultados tras una cuidadosa revisión. La proclamación representa la consolidación de un giro político hacia la derecha en Perú, un movimiento que también refleja tendencias similares en la región latinoamericana.

Durante su campaña, Fujimori prometió fortalecer la seguridad ciudadana mediante políticas más estrictas contra la delincuencia organizada y fortalecer a las Fuerzas Armadas. Además, propuso mantener un modelo económico basado en la inversión privada y el libre mercado, recuperando una agenda que busca estabilidad económica y control social.

Su triunfo también revive el debate sobre el legado de su padre, Alberto Fujimori, presidente entre 1990 y 2000. Si bien su administración es recordada por reformas estructurales y la lucha contra grupos insurgentes, estuvo también marcada por un régimen autoritario, casos de corrupción y violaciones a los derechos humanos documentadas por organismos nacionales e internacionales. Alberto Fujimori fue condenado por delitos de lesa humanidad y corrupción antes de su fallecimiento en 2024.

Keiko Fujimori había intentado acceder a la presidencia en cuatro ocasiones previas, perdiendo en las últimas tres con marcadas divisiones políticas en el país. Esta vez, logró imponerse en un escenario electoral caracterizado por una intensa polarización, cerrando una etapa que dejará un mandato con múltiples desafíos, entre ellos la recuperación económica y la seguridad nacional, cuando asuma el próximo 28 de julio.