El ruido ambiental se ha consolidado como el segundo factor ambiental más perjudicial para la salud, solo detrás de la contaminación del aire. Este fenómeno, común en las ciudades mexicanas, afecta no solo la audición sino también la calidad de vida, al provocar estrés crónico, alteraciones del sueño y enfermedades cardiovasculares.
La Organización Mundial de la Salud ha identificado que la exposición constante a niveles de ruido superiores a 65 decibeles durante el día altera el entorno y puede desencadenar daños físicos y mentales irreversibles. En México, especialistas advierten que este problema va más allá de una simple molestia: incide en la presión arterial, ansiedad, irritabilidad y bajo rendimiento cognitivo, comprometiendo la salud integral de la población urbana.
Ante esta realidad, la Universidad Iberoamericana presentó una propuesta de política pública enfocada en la reducción y manejo del ruido ambiental en las ciudades mexicanas. Esta iniciativa, impulsada por la Coordinadora de la Licenciatura en Arquitectura, Jimena de Gortari Ludlow, se sustenta en evidencia científica y enfatiza la necesidad de una regulación más estricta y acciones de monitoreo precisas.
El documento propone reconocer la contaminación acústica como un problema sanitario prioritario. Entre las medidas contempladas destacan la actualización de normativas vigentes, el uso de tecnologías para medir y controlar niveles de ruido y el diseño urbano que limite las fuentes generadoras de contaminación sonora.
Esta política pública busca transformar la percepción histórica del ruido, que durante años fue subestimado como una simple incomodidad, hacia un enfoque que lo contemple como un factor clave que afecta directamente la salud pública y el bienestar en las zonas urbanas.

