En medio de apagones que ya alcanzan casi 30 horas consecutivas, la población cubana enfrenta condiciones extremas de calor y censura policial constante. En el municipio de Regla, trabajadores y vecinos expresan su frustración por la ausencia de electricidad y la vigilancia que limita cualquier manifestación pública.
La tensión se refleja en protestas diurnas frente a la sede del Partido Comunista, donde se exigió electricidad para poder descansar, pero apenas lograron unos minutos de corriente. Desde hace semanas, la policía incrementó sus operativos, apostándose en esquinas clave y bloqueando vías con un despliegue permanente tras episodios de quema de basura y cacerolazos populares.
Este escenario de creciente militarización pretende evitar otro estallido social masivo, similar al ocurrido hace unos años, cuando miles salieron a las calles para reclamar cambios y enfrentaron severas represalias legales. El déficit energético supera los 2.000 megavatios, dejando a miles sin luz en jornadas calurosas que alcanzan temperaturas superiores a 30 grados, sin distinción entre el día y la noche.
La Unión Eléctrica de Cuba anunció que la situación mejoraría en julio, presentando un cronograma para reactivar varias unidades térmicas, pero hasta ahora no se han cumplido los plazos. La unidad programada para retomar operaciones el primero del mes permanece en mantenimiento, lo que refuerza la incertidumbre de la población ante las promesas incumplidas.

