La diabetes se ha convertido en un problema de salud pública crítico en México, donde aproximadamente uno de cada cinco adultos padece esta enfermedad. Además, alrededor de un tercio de ellos desconocen que tienen diabetes y, en consecuencia, no reciben ningún tratamiento médico.
Según la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, esta situación se agrava porque la diabetes casi siempre está acompañada de obesidad e hipertensión, dos enfermedades que también prevalecen entre la población adulta. Cuatro de cada diez personas tienen obesidad, mientras que tres de cada diez presentan hipertensión arterial sin un diagnóstico oportuno que permita controlar estas condiciones.
Especialistas del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y médicos del IMSS-Bienestar han advertido que estos padecimientos están en aumento y afectan a personas cada vez más jóvenes. Mientras en otros países la diabetes se diagnostica generalmente después de los 55 años, en México esta enfermedad aparece alrededor de los 40, lo que implica vivir con complicaciones durante más tiempo.
El crecimiento de estas enfermedades está vinculado no solo a factores genéticos, sino también a un entorno que promueve el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados y estilos de vida sedentarios. La Secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación destacó que aunque la predisposición hereditaria es importante, las decisiones cotidianas relativas a la alimentación y la actividad física son determinantes para el desarrollo de estos trastornos.
Para enfrentar esta problemática, los expertos recomiendan adoptar hábitos saludables, como una alimentación equilibrada y el ejercicio constante, además de realizar revisiones médicas a partir de los 40 años para detectar y tratar oportunamente estas enfermedades.
Los médicos recalcaron que diabetes, obesidad e hipertensión deben abordarse de manera conjunta, ya que suelen presentarse combinadas y contribuyen a complicaciones graves si no se controlan. También remarcaron que la detección temprana no debe generar temor, pues los avances en tratamientos ofrecen mejores perspectivas de calidad de vida para quienes conviven con estas condiciones crónicas.

