La creciente tendencia a humanizar a los perros, impulsada especialmente en redes sociales, preocupa a expertos en comportamiento animal. Vestirlos con ropa, pasearlos en cochecitos o considerarlos sustitutos emocionales puede alterar su naturaleza y generar problemas de salud y conducta.

El etólogo Luis Felipe Guevara señala que tratar a los perros como «perrhijos» refleja una búsqueda de llenar vacíos afectivos por parte de sus dueños, pero esta práctica distorsiona el rol natural del animal. A menudo, se piensa que mientras el perro no cause molestias se comporta correctamente, pero esta visión ignora sus necesidades comportamentales y biológicas específicas.

Además del maltrato implícito que supone la humanización, existen otras conductas perjudiciales para los perros, como la sobrealimentación y el sedentarismo, que afectan su salud física. El hiperapego, propiciado por el aumento del teletrabajo, genera ansiedad cuando el perro se queda solo, manifestada en conductas repetitivas como ladridos excesivos, lamido compulsivo o rascado sin motivo.

Guevara destaca, asimismo, la ausencia de límites y educación adecuada en muchos dueños que interpretan la corrección o adiestramiento como una interferencia inadecuada en la expresión natural del animal. Sin embargo, un perro bien educado puede tener más libertad, hacer ejercicio y socializar mejor, lo que reduce la probabilidad de conductas reactivas o problemáticas.

El afecto hacia los perros es positivo cuando se reconoce que representan una especie distinta y requieren cuidados específicos. Disfrazarlos o impedir que desarrollen comportamientos propios puede llegar a considerarse maltrato, pues atenta contra su bienestar físico y emocional.