México explora la posibilidad de colaborar con la industria argentina para ensamblar localmente un avión de combate ligero que se adapte a sus necesidades de entrenamiento y defensa, sin reemplazar a modelos avanzados como el F-5E/F, pero sí para sustituir a los antiguos T-33 que aún formaban parte de la flota de entrenadores jet hasta 2007.

Este interés surge en medio de una crisis en la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA), cuya aeronave principal, el IA-63 Pampa III, destaca por su bajo costo operativo, facilidad de mantenimiento, cabina presurizada con tecnología moderna y capacidad para misiones tácticas y de entrenamiento nocturno o diurno. México pretende que parte de los componentes de esta aeronave sean producidos localmente para fomentar la transferencia tecnológica y conseguir el ensamblaje nacional.

Paralelamente, la industria aeroespacial mexicana avanza en el desarrollo de aeronaves propias orientadas al entrenamiento y uso civil. El proyecto Halcón II, de la empresa Horizontec, representa un avance significativo al contar con la certificación oficial de la Agencia Federal de Aviación como aeronave deportiva ligera. Esta biplaza, de bajo costo operativo por usar gasolina premium y equipada con sistemas modernos de navegación y pantallas táctiles, suma pedidos de escuelas de vuelo y apunta a diversificar la oferta aérea nacional, más allá de aviones agrícolas.

Estas iniciativas evidencian el interés de México por integrar su industria aeronáutica en el ámbito militar y civil, generando oportunidades para la formación de pilotos y la vigilancia aérea mediante aeronaves que combinan tecnología de punta con costos operativos accesibles. La cooperación internacional y el desarrollo nacional buscan así consolidar un sector que hasta hace poco apenas daba sus primeros pasos en producción certificada y potencial exportador.