Antes de convertirse en una de las grandes leyendas del cine de acción, Linda Hamilton confesó que inicialmente dudó sobre trabajar junto a Arnold Schwarzenegger en la película "Terminator". Su escepticismo surgió por la imagen de Schwarzenegger como culturista más que como actor, lo que generó incertidumbre sobre su capacidad para interpretar un papel dramático.

Hamilton relató que, aunque el público ya mostraba entusiasmo por la elección de Schwarzenegger, ella prefirió observarlo directamente antes de aceptar el proyecto. Al verlo en acción durante el rodaje, quedó sorprendida por la rigidez y movimientos casi mecánicos que transmitía Schwarzenegger, elementos que consideró perfectos para su personaje, narrando cómo esa impresión cambió su perspectiva.

El papel de Sarah Connor también atravesó una gran transformación a lo largo de la saga. En la primera entrega, su personaje se presentó como una mujer común, atemorizada y ajena a la amenaza que la perseguía. No fue hasta la secuela, "Terminator 2: El juicio final", donde Hamilton convirtió a Sarah en una heroína decidida y fuerte, caracterizada por su aspecto físico fortalecido y su determinación para evitar un futuro apocalíptico.

Por otro lado, Schwarzenegger desafió el molde tradicional de actuación. Su acento pronunciado, su imponente físico y su particular forma de interpretar, que en otros contextos podrían considerarse limitaciones, se transformaron en rasgos emblemáticos que marcaron para siempre el personaje del Terminator y la franquicia entera.