El tanque elevado que durante décadas suministró agua potable a Tizimín se encuentra en grave estado de abandono y representa un peligro latente para la población local. Con más de 50 años de antigüedad, la estructura exhibe fisuras, desprendimientos de concreto y tuberías oxidadas que evidencian su deterioro por falta de mantenimiento.
Desde que dejó de operar en la década de 1990, tras la modernización del sistema de abastecimiento con cárcamos distribuidos en distintos sectores, el tanque permanece desprotegido. La malla ciclónica que rodea el predio está dañada y en ocasiones la entrada queda abierta, facilitando que personas ingresen y escalen la estructura de más de 30 metros de altura, exponiéndose a accidentes graves.
Los residentes han solicitado la intervención de las autoridades municipales ante estos riesgos, especialmente por la posibilidad de que ocurran tragedias al subir al tanque. A pesar de la presencia ocasional de la Policía Municipal tras los avisos, hasta ahora no se han detectado intrusos en el interior. En el sitio, además, se acumula basura y maleza, junto con restos de tubería y fragmentos desprendidos, lo que incrementa la percepción de inseguridad.

