El auge de las celebraciones por los partidos de la Selección Mexicana volvió a poner en primer plano un actor clave y poco visible: el comercio informal. Mientras millones llenaban plazas y avenidas para festejar, vendedores ambulantes y tianguis desplegaban una red de oferta que mantuvo viva la fiesta, abasteciendo desde playeras hasta comida y bebidas en múltiples puntos simultáneos.

Este sector no solo contribuyó a la euforia colectiva, sino que también generó un impacto económico significativo. Aunque la marca oficial de la selección reportó ventas globales millonarias de sus productos a precios elevados, la mayoría de las prendas usadas por la afición provino de replicaciones accesibles en puestos callejeros. Se calcula que se vendieron en las calles al menos el doble de playeras que las cifras oficiales, con precios hasta ocho veces menores.

Además de ropa, la oferta informal incluyó latas de espuma, alimentos como tacos y elotes, cervezas, refrescos, impermeables y accesorios para protección contra la lluvia, entre otros. Estos productos permitieron a cientos de miles mantenerse en las calles por horas, bailando y apoyando a la selección.

En el contexto nacional, la economía informal representa una parte sustancial de la actividad económica, con una contribución cercana al 25% del PIB y más de la mitad de la población ocupada participando en ella, según datos oficiales. Este fenómeno no es casual ni marginal, sino la expresión de un entramado social y económico con raíces profundas en la tradición y costumbres mexicanas.

Los vendedores informales actuales se apoyan en redes de confianza basadas en vínculos familiares, comunitarios y vecinales que facilitan la operación y reducen costos, evitando intermediarios y aprovechando la flexibilidad laboral. Estas dinámicas permitieron una rápida y eficaz respuesta a la demanda extraordinaria generada por el Mundial, movilizando recursos y productos en tiempo real y cubriendo una necesidad social amplia.

En suma, el comercio informal se reveló como un protagonista silencioso y decisivo, sosteniendo no solo la economía paralela durante el evento, sino también la misma experiencia colectiva que vivieron millones de mexicanos en las calles y plazas.