Una aeronave relacionada con uno de los eventos más controvertidos del narcotráfico reciente en Norteamérica se transformó en atracción turística. El Beechcraft King Air 200 que llevó a Ismael “El Mayo” Zambada y a Joaquín Guzmán López durante una operación en suelo estadounidense fue entregado oficialmente al War Eagles Air Museum, en Santa Teresa, Nuevo México, donde puede visitarse pagando una entrada general.

La exhibición no sólo permite ver el exterior de la avioneta, sino que ofrece acceso a su interior, preservado casi intacto desde el momento del vuelo. Los visitantes pueden recorrer la cabina, observando los asientos ejecutivos que utilizaron los capos y detalles curiosos, como restos de comida y bebida consumidos durante el trayecto —entre ellos envoltorios de Doritos, jugos Jumex y latas de Coca-Cola— cuidadosamente exhibidos en vitrinas. Esto crea una experiencia que combina la historia del crimen organizado con la aviación.

Este movimiento oficial fue posible tras la donación del avión por parte del Buró Federal de Investigaciones (FBI), ya que la aeronave tiene prohibido volar o comercializarse dentro de Estados Unidos por cuestiones legales derivadas del operativo. Su uso ahora es exclusivo para fines educativos y de exhibición, con un convenio inicial para permanecer en el museo durante dos años.

La exhibición ha generado también reacciones diplomáticas. El gobierno mexicano considera que la presencia pública del avión y las referencias a la inteligencia estadounidense en las instalaciones del museo confirman la participación de agencias de Estados Unidos en el traslado de “El Mayo” Zambada en territorio nacional, algo que previamente fue negado oficialmente por Washington. Esto alimenta el reclamo de México sobre violaciones a su soberanía y la necesidad de aclarar las implicaciones legales del operativo.

Mientras continúa el proceso judicial del capo en Nueva York, que determinará su futuro legal en breve, el público puede acceder a esta pieza, cuya tarifa ronda los 15 dólares. Esta exhibición representa un caso inédito en el que un aparato del narcotráfico se convierte en un objeto de interés histórico y turístico, bajo custodia y control de agencias federales estadounidenses.