El saldo de muertos por los sismos que sacudieron Venezuela la semana pasada se acercó a los mil, con más de tres mil heridos y un número alarmante de desaparecidos que supera los 50 mil. La emergencia se concentra especialmente en La Guaira, epicentro del desastre, donde el tiempo se agota para encontrar sobrevivientes entre los escombros.
Las condiciones en La Guaira han llevado a las autoridades a restringir el acceso, imponiendo controles para quienes deseen ingresar, debido al caos y al tráfico que dificultan las tareas de rescate. Más de 14,000 efectivos militares y policiales se desplegaron para mantener el orden y colaborar en las operaciones de búsqueda y atención en la zona afectada.
Desde diferentes países comenzaron a llegar contingentes de expertos en rescate y suministros para apoyar las labores. México, El Salvador, República Dominicana, Alemania, Estados Unidos, Suiza, Chile, España, Ecuador y Colombia enviaron equipos especializados que aterrizan en un aeropuerto alternativo debido a que el principal aeródromo, el Simón Bolívar, sufrió daños estructurales graves que lo mantienen inhabilitado.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, agradeció públicamente la solidaridad internacional y destacó que la colaboración extranjera representa un aporte vital para reforzar la búsqueda de sobrevivientes y la asistencia en las áreas más perjudicadas. Además, Rodríguez mantuvo comunicación directa con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para coordinar esfuerzos y manifestar sus condolencias.
Sin embargo, la realidad en el terreno dista de la imagen oficial. Los habitantes de La Guaira y zonas afectadas asumieron la tarea de buscar a sus familiares entre los escombros, denunciando la escasez de equipos de rescate estatales en los momentos críticos. La presencia gubernamental se percibe insuficiente ante la magnitud del desastre y la gran cantidad de personas desaparecidas.

