Los memes, hoy omnipresentes en redes sociales y herramientas clave para la comunicación y crítica social, tienen un origen que va mucho más allá del formato digital. Su historia comienza en la ciencia, cuando en 1976 el biólogo Richard Dawkins introdujo el concepto de “meme” en su libro El gen egoísta para explicar cómo las ideas culturales se transmiten y evolucionan de forma similar a los genes biológicos.

Dawkins utilizó el término derivado del griego “mimema”, que significa “algo que se imita”, para designar la unidad básica de herencia cultural. Bajo esta definición, los memes no eran imágenes divertidas, sino más bien canciones populares, modas, técnicas o creencias que se propagaban mediante la imitación entre personas. Así, era posible entender la cultura desde un punto de vista evolutivo y replicativo.

Antes de la era digital, la estructura visual y humorística de los memes ya existía. Un ejemplo destacado es una tira cómica publicada en 1921 por la revista satírica estadounidense The Judge, considerada por historiadores como uno de los primeros memes gráficos. La caricatura aplicaba la fórmula de “expectativa vs. realidad”, un esquema que sigue siendo uno de los formatos más populares en internet para sintetizar críticas o reflexiones sociales mediante imágenes contrastantes.

Durante los años 40 y en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, otro fenómeno memético se impuso en el ámbito popular: la figura de “Kilroy Was Here”, un dibujo de un hombre con una nariz prominente que se convirtió en un símbolo grabado y pintado en muros y objetos en distintas regiones despachadas por soldados. Este ejemplo encarna la definición original de Dawkins, ya que fue un meme cultural que viajó y mutó a través de la imitación entre personas en un período histórico concreto.

De esta forma, el meme ha recorrido un camino desde su origen científico, pasando por manifestaciones gráficas pre-digitales, hasta consolidarse como el lenguaje universal de la era de internet. Entender sus raíces permite valorar su función comunicativa como reflejo de la cultura y vehículo de ideas, más allá del simple entretenimiento visual.