La coturnicultura, o cría de codornices, se posiciona como un negocio en expansión dentro del sector pecuario en Tizimín. Cada vez más habitantes del municipio apuestan por esta actividad para autoconsumo, venta de huevos y comercialización de aves, aprovechando su bajo costo inicial y el interés creciente del mercado por sus productos.
Su presencia ha aumentado notablemente en tianguis locales, exposiciones de emprendedores y tiendas de abarrotes, donde es común encontrar charolas con huevo de codorniz junto al huevo de gallina. Además, la venta y promoción en redes sociales ha ampliado el alcance de los productores, quienes comparten técnicas, experiencias y recetas que impulsan el consumo regional, nacional e incluso internacional.
El potencial de este negocio se refleja también en el ámbito educativo: el Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario No. 14 integró la crianza de codornices en su currículo mediante un módulo dedicado a especies alternativas. Esta propuesta pretende que los estudiantes adquieran conocimientos técnicos y habilidades para emprender proyectos pecuarios sostenibles, fomentando así nuevas fuentes de ingreso para la comunidad.
La inversión inicial requerida resulta accesible. Con la compra de un paquete integrado por diez hembras y un macho, junto a la construcción de pequeñas jaulas, se puede arrancar una unidad productiva. Las codornices comienzan a poner huevos entre las seis y siete semanas de vida y pueden producir de 250 a 300 huevos al año, lo que permite recuperar el gasto en poco tiempo.
Desde el punto de vista nutricional, el huevo de codorniz destaca por su alto contenido de proteínas, vitaminas A, B2, B12 y D, así como minerales como hierro, fósforo y selenio. Estas cualidades han motivado la preferencia de consumidores que valoran una alimentación más saludable y de calidad.

