Los residentes de las ciudades mexicanas que serán sede del Mundial de Fútbol 2026 expresaron inquietudes significativas sobre el impacto del evento en sus entornos urbanos. Entre las principales preocupaciones destacan el incremento del tráfico, los congestionamientos, el aumento del costo de vida, así como la contaminación y el ruido. Estos problemas reflejan desafíos estructurales que las autoridades deberán atender para mitigar las consecuencias del torneo.
Una encuesta aplicada a 460 personas por especialistas del Instituto de Geografía de la UNAM, en conjunto con la Universitat de les Illes Balears, identificó también una marcada desconfianza hacia las instituciones encargadas de la organización del Mundial. Entre las preocupaciones recurrentes se encuentran la falta de transparencia en el uso de recursos públicos, el insuficiente control contra la corrupción, dudas sobre la capacidad gubernamental para garantizar la seguridad, y la percepción de que los beneficios económicos favorecerán principalmente al sector privado en lugar de la población local.
La investigadora de la UNAM Ilia Alvarado Rizzo destacó que la Copa del Mundo es un evento global con gran capacidad para movilizar personas, transformar ciudades y activar inversiones, pero advirtió que los efectos sobre la movilidad urbana, el turismo, el espacio público y el mercado inmobiliario podrían ser complejos y desiguales. Aunque la mayoría de los encuestados reconoce la generación de empleos y beneficios económicos, también considera que esos beneficios no se repartirán de forma equitativa entre la población.
Otro hallazgo relevante del estudio fue el escaso entusiasmo respecto al potencial del Mundial para fortalecer la cohesión social o un sentido de unidad entre los habitantes. Aproximadamente la mitad de los encuestados opinó que el evento no logrará estos objetivos sociales, reflejando un escepticismo frente a su impacto integrador.
El investigador de la Universitat de les Illes Balears, Luis Alfonso Escudero Gómez, agregó que la expansión del Mundial a 48 selecciones y su concentración en grandes ciudades responden cada vez más a intereses comerciales, televisivos y de apuestas deportivas, lo que supone una creciente mercantilización del torneo. Esta dinámica, aseguró, podría dejar de lado la dimensión popular y social que históricamente ha caracterizado a la competencia.
En este contexto, ÁLvaro López López, también del Instituto de Geografía de la UNAM, advirtió sobre los riesgos inherentes a megaeventos de esta naturaleza, que pueden exacerbar desigualdades urbanas y dificultar la equidad en el acceso a los beneficios generados.

