La historia de Jairo Saquicoray, director de la Orquesta de Cámara de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), está profundamente ligada a su herencia musical y a las transformaciones que vivió al emigrar de Perú a México. Creció en Huancayo, en el Valle Azul, rodeado de un entorno familiar donde la música era una forma de vida: su padre era violinista profesional y su abuelo dirigía una famosa orquesta de música folclórica peruana.
El traslado de su familia a México fue clave para su desarrollo. Invitados por un director mexicano que admiraba la ejecución de su padre, llegaron primero a Guadalajara, luego a Xalapa y finalmente se asentaron en Toluca, ciudad donde su papá ingresó a la Orquesta Sinfónica del Estado de México. Jairo recuerda que la adaptación fue rápida y la bienvenida cálida, lo que le permitió asumir México como su nuevo hogar desde niño.
Su vínculo con el violonchelo comenzó impulsado por su padre, quien un día le llevó el instrumento y le instó a estudiarlo con disciplina. A pesar de la exigencia, Jairo convirtió esa obligación en pasión, dedicándose horas diarias al aprendizaje. Esta dedicación temprana dio frutos cuando, con apenas dieciocho años, se integró a la Orquesta Sinfónica del Estado de México tras estudiar como primer alumno de violonchelo en la Escuela de Bellas Artes.
Además de la música, el futbol también formó parte de su juventud; llegó a probar con el Deportivo Toluca y recibió una oferta para incorporarse a las fuerzas básicas. Sin embargo, su padre le aconsejó priorizar la música, decisión que consolidó su carrera artística.
Actualmente, como director de la Orquesta de Cámara en la UAEMéx, Jairo Saquicoray ve la música no solo como arte, sino como agente de transformación. Impulsa a sus músicos universitarios a entender que cada concierto tiene la capacidad de impactar y cambiar vidas, reflejando el camino recorrido desde sus orígenes en Perú hasta México.

